Emaús de Alessandro Baricco
Estimado señor Baricco:
Cómo me gustaría que pudiera usted leer lo que le escribo. Acabo de terminar su última novela y reconozco que una vez más me sorprende su estilo. Releí Seda varias veces porque me envolvía su musicalidad, su sensualidad; y porque sus novelas primero se leen, luego se piensan. En Océano mar descubrí cómo ponía usted palabra a mis sentimientos, cómo pudo si no nos conocíamos, (No te amé por aburrimiento, ni por soledad, ni por capricho. Te amé porque el deseo que sentía por ti era más fuerte que cualquier felicidad.). Es usted capaz de hacer una prosa luminosa, esencial y profunda. Imprescindible para estos tiempos apresurados.
Algo distinto me ha ocurrido con Emaús. Una novela sobre la pérdida de la fe, protagonizada por cuatro jóvenes (espíritu de los evangelistas) que ven cambiar sus vidas por la llegada mesiánica de una muchacha que representa el lado oscuro y salvaje de la vida, me deja indiferente. Porque no me llego a creer sus escarceos en la vida real (eso es, la oscura), ni tampoco la beatífica que llevaban antes (parecen opusinos más que otra cosa). Su fe no me parece verdadera, sino herencia de su entorno familiar (cada cual con su drama doméstico).
Es cierto que la fe pertenece al ámbito del misterio y tal vez usted ha llevado un poco lejos tal misterio al plantear a Andre como una joven de aspecto andrógino, un poco demoníaca y perversa, que arrastra a unos chicos muy decentes (claro que por otro lado, se aficionan pronto al sexo, las drogas y el rock and roll) y manipulables.
Perder la certidumbre en la vida es una pesadilla, estoy con usted, pero de hacerlo que sea para convertirse en héroes auténticos, que no se queden en mitad del camino como hacen estos.
A pesar de todo, no se inquiete, se lo ruego. Le aseguro que volveré a leerla, a pensarla de nuevo. Y aunque en esta ocasión prefiero la profundidad en el planteamiento de este tema de C.S. Lewis, le agradezco lo que me ha aportado: el refuerzo de seguir buscando la plenitud total del significado de las cosas. Aunque piense que es mejor hacerlo enterrando ideas al uso como la asociación de culpa y castigo de los cristianos, la caída en la tentación, etc.,
La verdad es que me gustaría hacerle el agradecimiento en persona. No imagina cuánto me gustó siempre el desarreglo cuidado de su melenita, y su aire de intelectual y hombre sensible. Por ello, aun reconociendo la dificultad, no voy a perder mi fe. Quién sabe si no nos encontraremos en un aeropuerto algún día, o en pasaje contiguo. Después de hablar con usted, podría seguir creyendo o cambiar de religión.
Reciba un saludo muy afectuoso.
T.
