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1 Diciembre 2009

Ruido de Fondo Don DeLillo

En el mundo occidental globalizado donde los sellos han sido sustituidos por códigos de barras, lo que ocurre en una pequeña localidad norteamericana con ópticas y tintorerías y centros comerciales donde perderse, es lo mismo que ocurre en muchos otros sitios del primer mundo atendidos por empleados del tercer mundo: hay miedo; miedo a morir.

¿A qué pueden temer los protagonistas de Ruido de fondo sino a la muerte? Viven una vida apacible y fácil en un mundo donde se puede ser académico experto en Hítler (y no saber alemán), hacer seminarios sobre las relaciones entre las madres de Hitler y Elvis; dar clases de postura corporal, comprar compulsivamente en el supermercado, convirtiendo sus pasillos en el nuevo foro. Un mundo donde uno puede casarse con espías, divorciarse varias veces y mantener una multifamilia. Un mundo donde la religión verdadera es ver a los hijos durmiendo. Un mundo donde “no morimos: compramos”.

En este mundo donde nunca veremos a un profesor de universidad chapoteando con una balsa en unas inundaciones, la tecnología todo lo puede, incluso puede con el miedo a la muerte: sólo hay que ingerir una pastilla con forma de ovni (ya se sabe que los extraterrestres nos salvarán de todas las calamidades).

DeLillo ha encontrado el hilo suelto de la chaquetita que hizo la abuela en su porche viendo la puesta de sol, y tira de él. Tira y tira hasta dejarnos sin ropa y acabamos riéndonos de nuestra desnudez: diálogos de besugos en la era de la información, crímenes chapuceros, monjas descreídas, microorganismos voladores comedores de sofisticados desechos químicos, las magistrales lecciones sobre la vida de Murray, los simulacros reales, la amante encapuchada.

Personajes triviales y vulgares para los que “todo ha ocurrido anteriormente” y cuyo “marchitamiento cerebral” les hace vivir una vida trivialmente poetizada donde no hay lugar para el pensamiento crítico y donde el miedo a la muerte nos aleja de pensar en otras cosas. Personajes dominados por un ruido de fondo que rige sus vidas y que acaban sabiendo que no hay pastilla que nos salve de mirarnos en el espejo y descubrir alguna vez una expresión “atormentada, cenicienta, perdida”.

Como dice el propio DeLillo: “Una historia sobre el miedo, la muerte y la tecnología. Una comedia, por supuesto”.

l.v.t.l.

servido por hablemos de libros 1 comentario compártelo

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Torpe

Torpe dijo

Bien visto. Ya dijo Ortega que" la técnica ofrece al hombre la posibilidad de lograr sus deseos., pero no es tarea fácil., El hombre actual no sabe qué ser, le falta imaginación para inventar el argumento de su propia vida". Quizás si miráramos más hacia dentro, que hay menos ruido. Luego, quemamos los MacDonalds y los espejos.

2 Diciembre 2009 | 02:04 PM

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