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La Coctelera

HABLEMOS DE LIBROS

MÁS LIBROS, MÁS LIBRES

29 Enero 2012

Homais y Mme Bovary

La defensa de la razón, del progreso, del anticlericalismo, de la ciencia, de la familia feliz y ordenada, de las buenas letras y costumbres.,  Esto y más en clave positivista es Homais. Con él y su merecida condecoración se cierra la novela como si el autor quisiera llevarnos a una lectura de posicionamiento ideológico (sin olvidar la caricatura del personaje). Pero la historia demuestra que es el término bovarysmo el que ha trascendido y que el espíritu indómito e individualista de Flaubert huía del dogmatismo, quizás por ello tiene hoy una legión de incondicionales lectores. Homais escribe en un tono retórico y manipulador, se envanece cuando consigue sus avances científicos y sociales, se cree imprescindible en su pueblo. Hasta ahí llega su alcance, bastante miope.

Sin embargo, Emma es capaz de ver fea a su hija. ¿No hemos leído miles de veces que es una mujer soñadora, romántica y fuera de la realidad? Pues en esto tenemos la prueba de que no. Lo que le pasa a Mme. Bovary es que se cree capaz de vivir muchas vidas al tiempo, tantas como lee, tantas como imagina. Pero sin dejar a un lado la otra, la más real. La pena es que en ese diálogo de contrapunto con Charles no hay vías de encuentro, porque él escucha su voz solo cuando ella ya está muerta. Así, después de leer sus cartas puede decir dignamente que no guarda rencor. Escena ridiculizante para Rodolfo que solo se le ocurre atribuir la culpa a la fatalidad. Que la Bovary se materializa, no cabe duda. Se sienta sobre las rodillas de su ex-amante para pedirle dinero. Hasta dónde la ha llevado ese deseo de convertirse en carne, de prostituirse aunque fuera  para dejar de ser un personaje de tinta.

Probemos a ver a Emma de otro modo, sin maniqueísmos. A Flaubert se le debieron aflojar los pantalones cuando leyó su novela de un tirón y comprobó que era lo más grande y redondo que se había escrito jamás.

T.

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23 Enero 2012

"Mi Ántonia" de Willa Cather

Leí que a T. Capote le gustaba Willa Cather y fue razón suficiente para que buscara sus libros. No es fácil. Por fortuna, acaban de publicar en Alba minus en una cuidada edición de bolsillo Mi Ántonia. Es una novela sobre los pioneros en las praderas americanas. En concreto, una familia bohemia que busca tiempos mejores lejos de la vieja Europa. Viven en Nebraska, y cerca de ellos una familia de origen anglosajón que a diferencia de los inmigrantes europeos se considera más inmersa en las costumbres americanas. La amistad entre Jim y Ántonia, niños acongojados muchas veces por las situaciones cotidianas, crece entre el rumor del destino y la fragilidad de las relaciones humanas. El sueño de conseguir una vida mejor no siempre se logra. Algunos personajes sí consiguen triunfar con el oro de Alaska o con su tesón invencible. Pero lo más importante es que descubrimos que los círculos de la experiencia de los hombres son pequeños, que pese a que se recorran grandes distancias en la vida, en el conocimiento., acabamos buscando, como Virgilio, la patria pequeña en que acabar nuestros días.

No es porque lo tenga recién leído, es que no recuerdo una combinación más perfecta de descripción y narración. Casi 400 páginas en dos tardes. Una se deja caer en esta cadencia sintáctica en la que es un vigoroso placer imaginar las granjas, las minas, la mesa recién puesta, el desayuno humeante.

Muy a lo lejos en mi memoria está la película. La recuerdo como poco emotiva. Una protagonista fría, luchadora y tenaz pero que no corresponde al sentimiento de Jim. En la novela la historia ha sido escrita por el joven y se desprende el afecto. Las restantes historias que se entrecruzan podrían parecer mínimas y no lo son. El mundo de los pioneros es muy atrayente, cuentan con el interés del lector porque todos llevamos dentro un aventurero deseoso de conocer mundo. Pero la lección discurre por otro camino. El de la invariable nostalgia.

(Un libro para volver a leer).

T.

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9 Enero 2012

STONER de John Williams

W. Stoner entra como estudiante en la Universidad de Missouri en el 1910, allí se doctora y enseñará como profesor hasta su muerte en 1956.

Así comienza esta magnífica novela. De este modo tan lineal como sencillo se nos cuenta la vida de un hombre que se descubre atraído por la sed de conocimiento y supera sus circunstancias personales con mucho esfuerzo para lograr perfeccionarse como profesor. Por el camino de su vida van quedando las dificultades de sus inicios humildes, un matrimonio infeliz, rencillas con sus compañeros del Departamento, problemas con alumnos y con una hija que a su manera se plantea la libertad vital cometiendo algunos errores y una amante a la que se ve obligado a rechazar.

Y cuando la enfermedad viene de improviso, en un balance rápido y eficaz se plantea que las cosas no fueron fáciles tal vez porque él no quiso que lo fueran. Un hombre que ve cerca su final acierta al valorar que ya es tarde para arriesgarse en la vida, que debió tomar otras decisiones.

Aún así, en el dramático momento último, coge su libro, importándole poco que fuese olvidado o que no tuviera utilidad, y al hojear sus páginas siente un hormigueo en sus dedos como si sus manos estuviesen más vivas que nunca. Es su obra.

Quien dedicó casi más tiempo al estudio que a sí mismo y a su felicidad, encuentra al menos la satisfacción de que se proyecta en el tiempo vivido o que este tuvo un sentido.

El estilo es impecable. Es un texto diáfano, sin recursos inútiles, que narra con facilidad una vida que a veces se parece a la de cualquiera de nosotros. Porque Stoner muchas veces calla ante las precisiones o imposiciones que los demás le hacen. Y en ese silencio nos parece oír nuestro propio pensamiento que dicta que las cosas son como son.

T.

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12 Diciembre 2011

Yo que he servido al rey de Inglaterra

Solamente de esta manera podemos hablar, y a través del silencio, decirnos lo que nos pesa en el corazón y cuál es nuestra concepción del mundo.

Quiero invitar a Bohumil Hrabal a un bar de Santibáñez. Es muy pequeño, con una estufa de hierro en el centro pintada de purpurina. Nos sentamos a su abrigo. Le digo que me encanta su rostro de abuelo-niño y pido dos chatos: uno para cada uno.

Sigo con que su novela me ha hecho reír las veces que la he leído. La picaresca del ascenso social puede ser un tema recurrente pero si se traba con los artificios literarios que usted conoce se convierte en perla. No me diga que es casual “golpearse la cabeza con un pilar de granito” (pag 10). Se ve que quería rendir homenaje al Lazarillo, y al Quijote que para eso lleva nuestro aprendiz de camarero un cuello que le hace mirar desde arriba como si se tratara de un yelmo antigualla. Por otro lado, ese gusto por las monedas contantes y sonantes, billetes que vuelan, me hacen pensar en Dickens. Y el pequeño aprendiz hozando en el escote de la criada o sus alegres fantasías en el protagonista de El tambor de hojalata. Y en el banquete de Trimalción ese general glotón que no se llena con ningún plato.

Pero, discúlpeme, me entusiasmo. ¿Una tapita de callos? Aquí los bordan.

Si me pide que escoja una de las numerosas escenas cómicas, sin duda la del vendedor de dentaduras postizas que acaba tragándose la propia por andar gastando bromas pesadas. Le aseguro que en este ambiente va requetebién. Con decirle que un paisano cortó la oreja a otro por una apuesta. En tierras castellanas todo es posible.

No tan lejanas al gusto tremendista, de Cela, la que introduce usted en el episodio del criado que mató a hachazos al guardia rural que yacía con su mujer (la del criado, claro) que a partir de entonces y de los criminales que conoció en chirona (a cual más tremendo) dio en conocer que “lo increíble se hizo realidad”.

Así tenía que ser, estoy segura de que este personaje suyo es un cínico neurótico de esos que mimetizan al que creen modelo y descubre por sus medios que el trabajo ennoblece sobre todo si a uno le pilla con una buena comida, copa y moza sobre las rodillas (qué afán este tan mal entendido, válgame)

El estilo lo veo expresionista por acumulación de elementos grotescos, historias pequeñas y divertidas que mezclan vanguardias de modo muy imaginativo. Similar al cuadro de Grosz en que un hombre está tocado con un orinal, a otro le salen figuras de la cabeza (para esta ocasión vendrían bien  unos salamis) y todos se superponen en una plantilla absurda y caricaturesca.

La estructura de la novela en este recorrido de hoteles antes y después del nazismo nos llevan por un itinerario de exceso carnavalesco. Confiéseme, por favor, cómo consigue la plasticidad en sus imágenes, cómo vio las camisas cayendo crucificadas en el aire, por qué ese magistral abigarramiento en las descripciones (esa joven con su vestido lleno de insectos que chupan el sirope, las dentaduras como plantas carnívoras) o la agudeza de la alusión pictórica a la Revolución de Delacroix : así erguida, con dos pechos gigantescos, Zdenek dijo que parecía la diosa Razón, de esta forma bajó el grupo hacia la estación.

Hasta la crítica política al comunismo la hace usted con gracia. Esos millonarios condenados, los campesinos como ciudadanos fracasados que pasan las horas muertas en la cervecería y con pasodoble torero, la sensación del protagonista de que al ponerse de nuevo el frac ya lo hace de otra manera, como si fuera un dis-fraz.

Pero, está usted muy callado ¿hablo demasiado quizás o estos callos no son como los de su tierra?

Lo último: le admiro, le admiro. Quiero saber poner títulos como usted. También nuestro protagonista quería aprender de Zdenek a servir a las personas como si estuviera envuelto en una nube creativa. Aunque antes debiera escribir algo.

Otra ronda, por favor.

T.

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6 Diciembre 2011

Un lugar llamado Oreja de Perro de Iván Thays

Un corresponsal limeño acude a este lugar del Ayacucho en un viaje de tres días para cubrir la visita del presidente Toledo. Es una zona deprimida del país con fosas comunes que hacen historia a los crímenes senderistas y estatales. El protagonista viaja en un momento de revisión en su vida. Se siente como un hombre dividido en tres mitades: la de su hijo Paulo (muerto con 4 años), la de su otro yo, y en el medio, como en el limbo, la de Mónica, su reciente ex. A decir verdad, se ha enterado de su ruptura a través de una carta leída en Oreja de Perro, aunque ya fuera una crónica anunciada.

Intercaladas en el texto hay anotaciones de su cuaderno personal, autobiográfico, al que pertenecería, supongo, la totalidad de la novela. Entre ellas se encuentran las reflexiones sobre el caso del hombre que quedó amnésico después de un accidente en el que perdió a su familia. (La memoria es una espía). Y la finalidad de la narración sería ordenar los pensamientos y emociones. Buscar el sentido de las cosas.

Oreja de Perro es un inhóspito espacio en el que habitan los fantasmas de un pasado violento y en el que reina  la pobreza (los perros famélicos por la calle son un símbolo de ello, que cierra con la imagen de los perros comiéndose los sesos de los muertos en una fosa común). La estancia compartida con su compañero Scamarone, fotógrafo cínico e incontinente, conduce la crítica política que se hace a Toledo, quien practica la demagogia de entregar dinero a la Comisión y al pueblo para conseguir sus fines electorales.

Al mismo tiempo, conoce a otras compañeras con las que establece relaciones personales de interés (sexual, amoroso). Con dos. Desde luego es un hombre con gancho televisivo. Pero llega a la conclusión de que todo será lo mismo. Se cambian los cuerpos sobre la cama, las palabras de deseo o de amor que se dicen sobre ella. Pero ciertamente, no cambia nada. Aunque su relación con Jazmín y Maru es muy ilustrativa de los traumas de cada cual en lo que a pérdidas personales se refiere. A la madre de Jazmín se la llevaron los policías porque sabía leer. Saber leer en estos sitios es jodido.

Las conversaciones se reproducen en estilo directo libre, un modo enérgico de activar el pasado. Me parece un acierto incluir una selección de titulares de periódico para mostrar la realidad del momento. Y pese a este afán objetivo y periodístico, no se deja atrás la expresión metafórica: las estrellas en un cielo tan denso y oscuro que parecen agujeros hechos con alfiler (El cuerpo de un animal escondido tras un tul).

Los periodistas tienen un difícil papel en nuestra sociedad. Se cuenta cómo se quedan mirando a una joven aplastada por una piedra más preocupados por la noticia que por ayudarla. Tienen que ser sus vecinos quienes lo hagan. ¿Una manera de entender el rigor profesional?

Los aires que se respiran en Ayacucho son de novela indigenista. El ingeniero de minas que se refiere a las playstation como las maquinitas que estupidizan a los limeños, la huevada con que se marca la frontera entre el carácter conservador del pueblo serrano, de difícil acceso y la gran ciudad, llena de vicios absurdos.

La lectura deja el cuerpo con la sensación de que en nuestra mente se mueven siempre intereses contradictorios, que van y vienen como formando un puzle que son la vida misma y del que nos cuesta escapar. No es que se plantee un final pesimista, más bien es escéptico.

Torpe

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20 Noviembre 2011

MATAR UN RUISEÑOR de Harper Lee

“Abolengo no significa familia antigua…se trata del tiempo que hace que la familia de uno sabe leer y escribir”

Esta novela está organizada como un buen discurso argumentativo. Primero, capta nuestra atención con la curiosidad de unos niños, luego nos conduce por el debate sobre la justicia racial y al fin, presentadas las pruebas, encontramos la tesis: limpia tu mente de prejuicios. Es una novela de principios morales y políticos. Desde el ejemplo positivo. Es seguro que vendría bien que fuera leída por jóvenes. Pero aún más, según veo yo el mundo que me rodea, por padres confusos. Atticus afirma una verdad incuestionable: A veces pienso que como padre he fracasado. Plantearse esta reflexión indica que la capacidad de rectificar humana est. De ahí que muchos deberían aprender las normas que Atticus emplea en la educación de sus hijos:

1. Cuida de tus propios asuntos, deja que los demás se ocupen de los suyos.

2. Uno no comprende de veras a una persona hasta que considera las cosas desde su punto de vista.

3 .El remedio está en la calma. Conserva la cabeza bien alta.

4. Para ser cortés hay que hablar a las personas de los que les interesa.

5. Aprende a aceptar tu país tal como es.

Grandes dosis de sentido común, escaso en nuestros tiempos. ¿Será de esta novela de donde J. A. Marina extrajo la idea de la tribu entera como una gran familia. Un niño tenía tantos padres como hombres había en la comunidad y tantas madres como mujeres?

El alegato del abogado es una pieza maestra. La cita de Jefferson, la literalidad de la misma, el ejemplo de la educación y la igualdad, la apelación al Jurado y su dramática petición: En nombre de Dios, cumplan con su deber. Leer este discurso una y otra vez, aprenderlo de memoria sería un buen ejercicio de cómo lograr el éxito con la palabra.

Pero es un Jurado el que juzga, no el juez. Este hubiera escuchado la palabra y la hubiera entretejido en la compleja red legislativa de su intelecto. Los doce se dejan llevar por la presión social, por la ignorancia compartida (ahí está su paralelo en la escena nocturna en que los atacantes de Atticus se bloquean ante la acción de una niña).

El mayor acierto de esta novela es que esté narrada por una niña, tan observadora e inteligente que comprende lo que ve y  llega a la conclusión de que sólo hay una clase de personas. Personas. La relación con su hermano y con su amigo Dill (un T. Capote juguetón e imaginativo) pone en escena el referente del Gigante egoísta en su relación con el vecino y a los niños de D. Grubb en la noche del incidente.

El ritmo con el que se va desarrollando la acción demuestra el gran talento de la escritora. Leo una vez más el comienzo de la novela: la fractura que Jem sufrió en el brazo, cuya causa no conoceremos hasta el penúltimo capítulo. Y el modo de emplear los verbos de forma tan evocadora: Cuando se acercaba a los trece años…el brazo le quedó algo más corto...no podía preocuparle menos. (la fractura cortando con el indefinido la narración del pasado). Como una voz que nos fuera a contar una gran historia ante una chimenea. Y así es, valores descritos con vigencia intemporal y con su chispa de lirismo. Que no quede solo para el título. No queremos prescindir del canto del ruiseñor porque, según la Enciclopedia, son aves ariscas que sólo llaman la atención por su canto. ¿Como algunos poetas? ¿Pensaría la Lee en la oda de Keats? La verdad es que defender los valores de la democracia y la igualdad es muy fácil, hasta que el mal del mundo real y fugaz asoma la garra.

Torpe

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4 Noviembre 2011

LIBERTAD de Jonathan Franzen

El gran sueño americano. Walter quiere cumplirlo creando una reserva para pájaros y su amigo Richard siendo una estrella del rock. Hasta conseguirlo median decepciones personales (fracasos en el trabajo, en la familia, en la pareja.,) pero final feliz para todos. Los protagonistas cambian de actitud vital, evolucionan en un contexto sociopolítico en el que todo fluctúa. El texto es denso, lo narra Patty (mujer de Walter) que quiere contarle todo detalladamente para lograr su perdón. Y puede que él no perdone porque es incapaz de olvidar la afrenta (masculinamente hablando) pero acepta empezar de nuevo. Para ser autobiógrafa, Patty emplea un estilo distanciador, no quiere dejarse llevar por las emociones. Mejor, porque el personaje en su juventud demuestra no tener muy claro el norte de la brújula. Aún me queda la duda de si lo alcanza luego. Creo que no. Deduzco que los americanos son de otra pasta. Un realista francés hubiera dado a luz una protagonista de hondura, víctima de sus inseguridades y su afán de superación en dosis desiguales. Eso de culminar su deseo de acostarse con el mejor amigo de su marido después de tantos años anticipa a la fuerza el desastre. Ni Richard ha dejado de ser el joven loco e inestable que era, ni Walter ha superado su envidia hacia él por su éxito con las mujeres. Porque en estas cosas los hombres son muy raros. En realidad dan más valor a la seducción si la mujer es difícil de alcanzar, por no meternos a analizar los sutiles hilos de la posesión que tan bien dominan. Eso explica que Walter también tenga su flirteo, pero este es (en fin) menos importante y obedece a una causa (oye, no le hacía feliz su mujer, qué se va a hacer).

En cuanto a las ideas políticas que trasuntan el libro, van y vienen de unos personajes a otros para encuadrarles en un modo de pensar y por ende, de vivir. Si no se ajustan a lo esperable, se cambian. O se cambian también para oponerse con furor a otros (vaya, en esto sí que somos iguales los españoles). Y en el culmen de esas ideas de mejora social está la de acabar con la superpoblación: no tener hijos (piensa en las emisiones de carbono globales, y en el genocidio y la hambruna de África, y las clases marginadas sin porvenir en el mundo árabe, y la sobreexplotación pesquera de los océanos, los asentamientos ilegales de Israel, la ocupación del Tibet, los cien millones de pobres en el Paquistán nuclear...). Se nombran como siameses los fundamentalismos de Bush y Bin Laden (W. no podía ver una iglesia ni el letrero Los hombres aman a Jesús ni un símbolo de un pez en un coche sin notar una opresión de ira en el pecho), de nuevo este mundo confuso y lleno de descreimiento. Bien contado, aunque le sobren muchas páginas (para qué las relaciones con amigos de la época de universidad y las de los hijos..). Supongo que no querría el autor escribir la epopeya del nuevo siglo porque espero que sea otra cosa. Seguro que ese era el gran sueño americano de J. Frazer.

Torpe

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25 Octubre 2011

Por favor, cuida de mamá de Kyung-Sook Shin

Hace tiempo leí una antología de relatos escogidos por L. Freixas, Madres e hijas, en los que distintas escritoras indagan sobre las relaciones entre estas desde enfoques muy diversos: celos, reproches, rivalidades, intercambio de papeles., Me gustó. En cada familia hay unas cuantas cuentas de palo de rosa que bien podrían ser de palo solo, del que duele. Precisamente, de eso creo que trata esta novela. Las relaciones familiares se inscriben en un libro, con su debe y su haber. Y no siempre salen favorables las cuentas. Quizás porque, como en otras cosas de la vida, nos fijamos unas altas expectativas.

Si una se deja llevar, puede caer en esa observación sensiblera de buscar culpabilidades (parejas a las de las mamás que lloran por dejar a su retoño en la guardería) cuando no se atiende a la madre a todas las horas del día. Pero es que madre tiene su vida y nosotros, hijos, la nuestra. Motivo por el que nunca quisimos oír el ruido del catre del dormitorio parental. Y en la desazón más absurda, nos sentiríamos hasta culpables de haber frenado con nuestro nacimiento el desarrollo vital de nuestros amados progenitores por haber venido al mundo a tratar de ser nosotros mismos.

Como lectura, agota el empleo de la segunda persona; no hay ni una imagen reveladora y se resuelve por la vía rápida de cierre exótico por aquello del viaje a Roma, que debe de serlo en un país con minoría cristiana. Emoción, muy poca. Análisis, escaso. Los personajes son cromos en una estampa, ahora inversamente exóticos para nosotros porque viven entre los vapores del arroz hervido.

Que pueda ser un buen regalo para una madre o madre política... Pues seguro. Supongo que como los donativos que se dan en las iglesias. Son más cómodos que el compromiso de decir cada día: Puedes contar conmigo.

T.

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