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La Coctelera

HABLEMOS DE LIBROS

MÁS LIBROS, MÁS LIBRES

20 Mayo 2012

La gaviota de Sándor Márai

Cuando una novela carece de acción interna, una empieza a fijarse en otros aspectos. Algo así como una buena descripción para un anuncio por palabras "Se busca caballero maduro que ame todo lo bello: la noche, el bosque, París, la buena sintaxis"... O se deja caer por las palabras bien ordenadas recreándose en los temas de la despedida de la juventud, el beso, la inestabilidad de los tiempos, la pérdida de la individualidad, la nostalgia de la antigua Europa, y más y más porque la noche de Ópera ha dado mucho de sí para la reflexión, poco para la acción. Espérate, no sea que esta libro lo escribiera Márai pensando en lectoras, ya que afirma que el ideal de hombre en acción es masculino, que a las mujeres lo que les gusta es un hombre con secretos. Y en secreto, yo pensé que me gustaban de la novela dos asuntos por encima de los otros. Uno, la idea del retorno: el milagro consiste en la eterna repetición, todos somos iguales, procedemos de lo mismo, pero somos distintos. Y me gustó porque entendí con ello que cuando se me repiten las caras en el aula o en el metro, no es que haya perdido vista o me esté haciendo mayor, a Nietzsche le pasó lo mismo y lo supo aprovechar. Por otro lado, esa Europa exquisita y burguesa, que acude a la Ópera ataviados de gala, impregnados en una atmósfera devota del Arte que solo entiende de música escuchada en directo y de manera sublime.,¿cómo se quedarían al ver hoy como viste la Merkel o los miles de canciones que la gente lleva en sus emepetrés? Las personas han ido renunciando a su personalidad para convertirse en masa, en el anonimato, en la cifra estadística. Aquella Europa es la que nos ha traído esta. Está bien. Seguro que en cuanto salgamos de la crisis, volveremos a llenar los teatros y los restaurantes en busca de emociones y de amor. Para algo somos los más elegantes y los más chic, además de otras virtudes.

Torpe

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15 Mayo 2012

Namiko

En la época de la guerra sino-japonesa (1894-1895) Namiko y Takeo contraen matrimonio. Se aman. Pero cuando Namiko es víctima de la tuberculosis, lo es también de su suegra que la devuelve al seno familiar ya que no puede consentir que su único hijo quede sin descendencia. El repudio agrava aún más la enfermedad de Namiko que entristece y se apaga más cada día. La mayoría de la literatura japonesa presenta la eterna oposición entre las costumbres tradicionales y el influjo de Occidente. La crítica sobre el modelo del ie, el clan familiar con sus jerarquías establecidas, sigue siendo piedra de toque en la sociedad actual. La identidad con el grupo y con el individuo a veces se hace irreconciliable.

Es muy interesante la perspectiva cristiana que aporta el autor. En aquel momento, por la presencia de misioneros, muchos japoneses encontraban atractiva esta religión que también les facilitaba el aprendizaje del inglés. Pero más que nada, era una ventana para observar Occidente y empaparse de ideas muy sugerentes para los jóvenes: derechos humanos, amor romántico, libertad social…

El amor de la novela es muy romántico, su pervivencia más allá de la muerte resulta conmovedora (¡Aunque muera, seguiré siendo tu mujer¡ ¡Nada ni nadie nos puede separar¡) y a pesar de que no ahonda en la evolución del sentimiento en los protagonistas, llena con su emoción.

Por otro lado, es significativo el lugar que ocupó (¿ocupa?) la mujer en esta sociedad. Namiko se convierte en un valor de cambio. Se entiende bien que entre sus últimas palabras declare que no querría volver a nacer mujer. Su padre derrama lágrimas, su marido visita acongojado su tumba. Y bien… ¿pueden hacer algo más? (me refiero a ustedes)

Torpe

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11 Mayo 2012

El deseo

La relación de Sophie con los hombres no le ha traído más que problemas, así que decide hacer dejando de hacer, abandona sus relaciones sexuales. Espera sin prisas que el deseo aparezca de nuevo. Pero a sus amigos les cuesta comprenderla. Como a alguien que pasa por un duelo, se le admite la pena por un tiempo pero no como una forma de vida. Se ve que nos cuesta admitir lo que no es convencional.  A la autora (Sophie Fontanel) le parece muy difícil encontrar a su edad un hombre que realmente merezca la pena. A la que esto escribe, también. Por eso el encuentro final no es más que un trazo de lo que a lo mejor será, en el caso de que se sea capaz de acercar la mano a la llama y descubrir su hechizo. Una manera de decir que en las relaciones amorosas todos partimos de una inseguridad disfrazada de audacia.

Cuando Sophie viaja con sus amigos, todos con sus respectivas parejas, es objeto de deseo para unos, de amparo para otros. Y lo más curioso, todos pregonan una felicidad que no practican. Será porque el deseo a veces surge de la carencia.

Yo no sé si el amor nos vuelve ciegos, pero creo que la soledad nos hace clarividentes.

Es una novela muy fácil de leer, sin pretensiones. ¿O sí?  Pensar en el deseo es una gran empresa.  Y mantenerlo ¿un milagro?

Torpe

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21 Abril 2012

"Los hermanos Tanner" de R. Walser

Simon es un ser dependiente. Hasta el extremo de preferir que se le reproche, insulte, ofenda con tal de tener la certeza de no estar solo. Un interés negativo pero un mínimo de interés. ¿Quién puede pensar así? Todo el que comprueba que por su actitud no despierta en los otros la admiración ni el cariño. Esta obra es un tratado sobre la indolencia. Cómo procurarse un presente, más valioso que el futuro, desde la inactividad. Simon siente vergüenza cuando ve trabajar a la gente porque él no tiene ninguna ocupación y no puede hacer otra cosa que sentir. Se abandona a una pasividad con la que llega a justificar su felicidad, pues Dios ama la gente feliz y odia a los tristes. Sin embargo, la trastornada personalidad de Simon se contradice en la escena en la que acude a comprar al mercado y observa entonces a los indolentes, a los que en ese momento desprecia. La aspiración de ser un don nadie en la vida es realmente llamativa, inesperada, y se enfrenta al sentido del deber que casi con seguridad recibió el autor en su familia (fondo autobiográfico de la novela) y del que parece querer desprenderse aquí al presentar a un personaje que divaga de continuo entre lo que es y lo que debería ser.

Simon es acogido siempre por mujeres. Klara representa la atracción; Hedwig, el amor fraternal; la señora de la ciudad, la exigencia de la madurez…

Y cómo se muestra con ellas el protagonista: incapaz de dar respuesta a ninguna. Consciente de haber desperdiciado su vida (así dice pese a su juventud), se reconoce absorbido por los intereses ajenos ya que no los tiene propios. Solo que en la inmediatez en la que se mueve no puede resolver nada satisfactoriamente. Esta dependencia de las mujeres le hace disculparlas de la deshonra (curioso análisis el de la responsabilidad masculina en el adulterio femenino). Pero no quiere decir que las comprenda mejor. Al contrario, afirma por igual que las mujeres son tan fáciles de comprender como que tienen muchos lados incomprensibles.

Simon habla en largos discursos, al modo de ensayos. Se dispersa en sus meditaciones sobre la vida. También lo hacen Klara y Hedwig. Aun restándole la verosimilitud propia de la conversación, confieren a la novela un tono pausado, reflexivo, que obliga a veces a parar para digerir. Precisamente, el estilo de Walser podría calificarse como una prosa que discurre con facilidad en su forma (tan sonora, tan bien construida) pero que en el contenido exige lenta asimilación. Quizás porque el tema en sí nos incomoda (en estos tiempos convulsos en los que valoramos la multiactividad).

Lo cierto es que Walser era un escritor que sabía bien de lo que escribía, tanto se parece a él Simon que el cuadro costumbrista que aparece en ocasiones en la novela (restaurante, ciudad, calles) no es más que el telón de fondo del psicoanálisis que aquí se plantea.

Torpe

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20 Abril 2012

"El niño perdido" de Thomas Wolfe

Se celebra en Saint Louis la Exposición Universal de 1904 y el pequeño Grover, de rica inteligencia y sensibilidad, se mueve por la ciudad ayudando a sus padres a prosperar.

Desde diversas voces narrativas asistimos a las correrías del niño que se pierde en el Tiempo.

Aunque este abril ha venido tan frío, no es razón suficiente para que tenga ahora esta sensación en la garganta. Más bien es el nudo que me deja la lectura de esta poética novela breve en la que vemos pasar al inexorable, haciendo una mella profunda.

No volver a los sitios que hemos amado. Podemos descubrir que lo que recordábamos como una avenida no es más que una calle. Qué dolor sentir que no hay nada que pueda hacerla mejor.

Este comentario ha de ser breve a la fuerza, como la novela. Cualquier cosa que se diga puede estar de más. Solo el disfrute de cada palabra, su paladeo, hará que las suaves brisas de abril arranquen láminas de arcoíris a la fuente, hasta que el surtidor vuelva a palpitar en la plaza.

Torpe

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8 Marzo 2012

Y en el día de la mujer trabajadora

El informe de I. del Bosque es muy interesante y ha abierto una brecha importante de opinión, está bien alejarse por un rato de la depresión económica. De manera que yo me he planteado contar que hace tiempo le insisto a mi amiga en que diga que es fiscala y no fiscal. Entiendo que pueda sonar raro al principio pero es que nuestra lengua tiene zagal /zagala. Batalla perdida de momento, no les gusta a la mayoría de las señoras fiscales. Recuerdo a una compañera que escribía poesía y no admitía ser denominada poetisa, le sabía a poco. Como no tengo conocidas que se muevan en el mundo militar, desconozco si ya han pasado a llamarse coronela o generala sin ser, por supuesto, la mujer del correspondiente rango.

La sociedad se transforma en este sentido, por fortuna, y nosotros con ella. Y lo que necesitamos de verdad es un cambio de intenciones. No un conjunto de imposiciones lingüísticas de corte progresista que midan por el rasero del olvido gramatical. Porque la gramática es conservadora, no puede ser de otro modo. Le toca esperar a que se asienten los usos, pero con una coherencia lógica y sintáctica. Y no la tiene, porque va en contra de uno de sus principales rasgos (el de la economía), alargar la oración hasta el punto de cansar al receptor de manera que pierda el hilo de la unidad informativa que el mensaje desea transmitir. Lo que muchos políticos han hecho hasta ahora en sus interminables discursos vascos (vascas) es similar, a mi juicio, a lo que hacen algunos taxistas con los adverbios en –mente, que te dan ganas de decir: por favor, déjeme mismamente en la próxima esquina porque mis oídos van a estallar.

Una vez más, prefiero las intenciones. Por eso me pareció siempre ilustre este profesor que en sus explicaciones gramaticales me enseñó el valor del subjuntivo. Este es el ejemplo: No sabía que tocas / tocaras el piano. Como ustedes pueden reconocer, el hablante que emplea el subjuntivo para sus adentros está pensando: vaya tela, quién me lo iba a decir a mí.

Así que puedo estar equivocada pero me incluyo en la lista de afectados, agraciados o lo que sea, porque me veo en ese masculino plural de nuestra gramática (la norma). Y desde luego prefiero políticos intelectuales, capaces de elaborar un discurso sin fuegos artificiales, a los otros (por lo general menos ilustrados), más peligrosos que un mono con un alfiler.

T.

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4 Marzo 2012

Trilogía de la Ocupación de Patrick Modiano

Es innegable que los que amamos los libros nos fijamos en sus portadas. Este tiene una foto de París de 1940, la torre Eiffel al fondo a la derecha, pequeña y en contraste con una bandera nazi ondeando desde la cornisa de un noble edificio. Y la sugerencia de la imagen junto con el título nos traslada rápidamente a un contexto histórico interesante, cada vez más estudiado pero siempre abierto al debate.

Sin embargo, la obra es mucho más. En las épocas difíciles, la necesidad obliga a la canallería por la supervivencia. El protagonista es judío, sí, pero se nos olvida en la lectura porque es un camaleón que se mueve en un mundo de gánsters huyendo del trastorno en los valores que están viviendo. (Más o menos como ahora) Parece que nada cambia, el oficio de barman, el de escritor de artículos, el de falsificador son buenas atalayas para adentrarse en este París que siempre enamora, siempre con ese punto nostálgico del blanco y negro, y de la gabardina anudada en la cintura.

La infancia del autor está marcada por la ausencia del padre, un judío italiano en continuos viajes de negocios, y de la madre, actriz belga en frecuentes giras. Y, cómo no, la orfandad está presente en la obra. El padre novelesco ha querido deshacerse de su hijo tirándole al metro. El hijo se lo perdona y no le delata a los que se lo quieren quitar de en medio.

Se citan muchos personajes reales: Proust, L.F. Céline, Dreyfus, Kafka, Blum., entre una densa nómina de reales e inventados. Y el caleidoscopio entra en acción, muy útil para mostrar la mirada irónica y significativa de quien está inmerso en esta fauna vividora y oportunista.

El final de la primera parte presenta al desorientado protagonista cuando llega a Israel y se burlan de él por ser intelectual y europeo. Hay que librarse del microbio cosmopolita judío, la cultura y la inteligencia (“Sobre todo cuando es judía”) molesta mucho.

Se habla del estilo modianesco. Creo que consiste en ser realista y autobiográfico sin serlo. En ser capaz de crear una atmósfera a través de la luz y de las canciones. En presentar la traición, la delación, el pillaje y el vicio como una actitud cínica ante la vida. En arrastrar un diálogo externo unido a la conciencia del personaje. En escribir sobre el pasado y referir tan bien el presente.

Torpe

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23 Febrero 2012

HHhH de Laurent Binet

HHhH es una novela única en su género. El autor cuenta con que una de las grandes ventajas del género es la libertad casi ilimitada que confiere al escritor. Y así lo pone en marcha. Es una novela histórica sobre Reinhard Heydrich, el carnicero de Praga, cerebro de la Solución final junto con otros desalmados. Sin embargo, se va desarrollando sobre las pistas de otras lecturas, películas y documentos históricos que el autor aporta al tiempo que se pregunta si le conviene o no hacerlo de ese modo. Aquí reside la originalidad del libro: habla sobre el proceso de escritura. Y el pensamiento de la voz narrativa/escritor se desvela en su duda continua acerca de cómo abordar tal o cual situación. Su estructura obedece a capítulos muy breves, a veces formados por una única cita documental, que traslada la veracidad pretendida. Y por otro lado, se acude a ejemplos de ficción para componer la personalidad y el entorno familiar del personaje. ¿Debe un escritor histórico inventar anécdotas? ¿Dónde señalaríamos entonces la línea entre Historia y Literatura?

Por si esto fuera poco, hay dos personajes sobre los que se construye la trama, la otra, la novelesca, la que enreda. Son los paracaidistas encargados del atentado a la Bestia rubia. Y son dos actores magníficos, propios de un film en blanco y negro. Con ese fondo praguense tan pilsener , arquitectónico y literario.

Este estilo de rompecabezas requiere un lector inteligente y colaborador, que guste de la reflexión posterior. Aún se ha pedido poco perdón, o más bien, todo perdón que se pida es poco. Levantar la memoria de un pueblo hostigado es tarea muy costosa.

Creo que es una lectura -como se dice ahora- imprescindible. Por su originalidad, por la consideración del proceso creativo literario y por el recuerdo de este inolvidable capítulo histórico.

T.

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Grupo de lectura del IES Enrique Tierno Galván de Madrid.

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